Por Ignacio de Miguel, el 5 de May de 2008 - 11:10 Hrs

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No es lo mismo reforestar un desierto que una zona arrasada por el hombre en la que había una selva.  Los biocombustibles que tanta selva amazónica deforestan, como si antes de los biocombustibles no se deforestara el Amazonas, también pueden ser motivo de reforestación de desiertos, pero más allá de este proyecto concreto, un ejemplo que voy a poner es ajeno a estas discusiones.

A todos nos suena la selva de Borneo, no sólo por la selva sino por los orangutanes en peligro de extición que viven en ella. Se ha publicado un libro sobre el proyecto de recuperación de los orangutanes en Borneo, a través de la recuperación de una zona de su habitat, la selva.

El proyecto es de doble interés, por un lado por la recuperación del orangután, y por otro, casi más interesante, por la recuperación de una zona de selva que había sido convertida en un pastizal amarillento. Una de las cosas más sorprendentes para mí ha sido la velocidad de recuperación del habitat, en tan sólo 6 años. Desde un punto de vista ecológico me parece un gran logro, aunque bien analizado tiene mucho sentido.

La selva en el ecosistema más variado en especies vegetales y animales que nos podemos encontrar, con una producción de materia orgánica enorme que se autoabastece a sí mismo de una forma diría yo casi perfecta. Los suelos de una selva son extremadamente ricos en nutrientes y materia orgánica, siempre que haya selva. Cuando se deforesta un ecosistema de este tipo para utilizarlo como superficie de cultivo, toda esa riqueza del suelo es consumida en los primeros años de cosechas, y después el suelo pierde completamente su valor ya que la riqueza del suelo provenía precisamente de todo el entramado del ecosistema de selva, pasando de un suelo rico a un suelo yermo. Además, sin la selva, la temperatura aumenta y las lluvias en la zona disminuyen drásticamente.

El reto de recuperar una zona agostada y volvera a convertir en una zona de máxima fertilidad es por tanto bastante complejo, y sin embargo una vez superado un punto de inflexión en el proceso de recuperación, el propio entorno es capaz de retroalimentarse para crecer con una gran inercia.

El caso es que la reforestación llevada a cabo por el proyecto de conservación del orangutan se inició en una superficie de 2.000 Ha (nada despreciable), en la que se plantaron hasta 1.300 especies de árboles diferentes  (supongo que el artículo original se refiere a especies vegetales y no sólo a árboles aunque dice “tree”) de las existentes una selva. Pero no es suficiente con plantar si el suelo es porbre en nutrientes, por lo que lo alimentaron con una original mezcla de azúcar, excrementos, basura orgánica, serrín y orina de vaca, la mezcla perfecta de nutrientes y bastante barato, que tomen nota los agricultores ecológicos.

El resultado es que al cabode 6 años se ha obtenido una selva madura que ha sido repoblada por las especies animales de la zona de forma natural, incluyendo al orangután. Vía Theguardian.

Publicado en Biodiversidad, Medio Ambiente |


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