
Científicos de EEUU proponen reforestar el desierto del Sahara, el desierto de Australia y en general los desiertos cálidos. El trabajo ha sido publicado en la revista Journal of Climatic Change según información del diario británico The Guardian. El objetivo, que los nuevos árboles se coman todo el CO2 que producimos.
Tengo mis dudas de la calidad de la propuesta pero en cualquier caso hay varias cosas a considerar. Si convertimos el desierto del Sahara en un bosque necesitaremos agua para ello y la propuesta plantea la desalinización de agua marina.
Con esta propuesta eliminamos el ecosistema desértico, y logramos una redistribución de lluvias por la atracción de los nuevos bosques. Esto sin duda afectaría a las lluvias en otras partes del Planeta, algo que no se ha tenido en cuenta.
Por otro lado, una cosa es que intentemos evitar la desertización de los territorios y el avance de los desiertos y otra muy distinta que borremos un ecosistema de la faz de la Tierra, ecosistema que no hemos generado nosotros. Es posible que no pase nada, pero lo más probable es que el Amazonas se vea afectado, y todo lo que logramos que crezca en el desiero del Sahara deje de hacerlo en el Amazonas. ¿Por qué? Pues porque la lluvia que caería sobre otras zonas boscosas y selváticas como el Amazonas disminuiría en favor del Sahara (lo digo sin ningún conocimiento específico de ecología y climatología global), y además porque el Amazonas se quedaría sin su mayor aporte de nutrientes que es el Sahara (de esto hablé hace tiempo).
Así que la propuesta la veo muy floja en cuanto a contemplar las consecuencias de acciones tan drásticas. Siempre me ha parecido que cualquier cosa “a lo grande” en la Naturaleza no es buena.
En relación a la modificación del desierto del Sahara tenemos el Sahara Forest Project, cuyo alcance y fines es bien distinto.
Referencia: The Guardian.
Pues que se apliquen este tipo de desarrollos en las áreas desérticas que hay en la Península; por ejemplo, mediante un acueducto desde la costa Cantábrica o Atlántica al interior peninsular. Pero la gestión medioambiental en este país es cero.