Un nuevo y esperanzador sistema basado en algas promete reducir en un 40% las emisiones de CO2 (mucho más que lo exigido por el protocolo de Kioto) vertidas por las chimeneas de las centrales térmicas, mientras que, al mismo tiempo, transforma la contaminación “atrapada” por las algas en combustible biodiesel y etanol.
Esto si que es saber aprovecharse de las algas, primero hacen de filtro y luego las queman para obtener energía.
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