
Hace unas semanas la compañía aérea Virgin (del mismo propietario que los vuelos espaciales rápidos para turistas que están a punto), probó en un Boeing 747 de cuatro motores una mezcla de biocombustible en un 20% (aceite de coco) en uno de sus motores.
Su objetivo es que dentro de unos años el biocombustible sea una realidad en la aviación comercial, tal como anunciaba hace tiempo, a pesar de las dificultades técnicas, ya que en principio no se puede usar diésel en los aviones por motivos de temperatura y presión que no hacen seguro este tipo de motores. Tras las pruebas de Virgin parece que el tema ha ido bien. Y puede que otras compañías aéreas norteamericanas tengan que plantearselo en serio al menos para los vuelos a Europa.
Parece que tras las presiones de EEUU en relación a la cesión de datos personales de los viajeros a ese país provenientes de Europa (por motivos de seguridad pero que chocan con las restricciones legales europeas en materia de protección de datos y privacidad personal), ahora es Europa la que presiona a EEUU obligando a los vuelos transatlánticos al pago de una tasa por emisión de CO2 en espacio aéreo europeo.
Así que andan discutiendo pero las compañías aéreas europeas lo tienen claro, o pagamos todos o no paga nadie. De esta forma, parece que el biocombustible que reduzca las emisiones de CO2 puede ser una solución a este tipo de conflictos dentro de unos años, aunque por su parte la British Airways piensa que es una locura inposible de Virgin.