Una de las luchas más importantes sobre los biocombustibles es si su producción es tan sostenible como promete o todo lo contrario.
En los criterios de sostenibilidad debemos tener en cuenta tanto criterios medioambientales (afectación de terrenos, proceso de producción), como criterios sociales (afectación de recursos alimentarios o de subsistencia de poblaciones pobres).
Hace un año la Unión Europea descartaba imponer criterios de sostenibilidad para la biomasa, pero ahora han aprobado siete protocolos de certificación de sostenibilidad para la producción de biocombustibles, que en principio incluyen un par de ellos aplicables a la biomasa (aunque no los he leído), y el resto son referentes sólo a la producción de biocombustibles líquidos.
Parece que las presiones de las organizaciones que han denunciado situaciones de abuso en nombre de los biocombustibles han dado sus frutos. Aunque me permito buscar otra motivación: la importación de biocombustibles en Europa tiene constreñida la industria de producción local (por local me refiero a la europea).
De esta forma, sólo los biocombustibles certificados sostenibles serán subvencionados y apoyados, lo que abre una nueva etapa para los productores como la española Abengoa que ha conseguido la validación de su propio proceso de certificación de sostenibilidad en la producción de biocombustibles.
Vía Energías Renovables. Página de la Comisión Europea donde encontrar todos los documentos.
El fenómeno mediático del cambio climático comenzó en EEUU y ahora que el congreso de aquél país está tomado por los republicanos que no creen en el cambio climático o bien piensan que no es culpa del hombre, se abre una nueva etapa. La comisión del congreso que estudiaba el cambio climático ha sido eliminada, pero más allá de esta cuestión política (en España tampoco sirve para nada la Secretaría de Estado homóloga), la pregunta es qué va a pasar con las cumbres internacionales y con los supuestos esfuerzos por combatir el cambio climático.
¿Se creará una corriente contraria? ¿Se dejará de hablar del tema? ¿Se recrudecerán las acciones de entidades ecologistas para hacer ver al congreso estadounidense que está equivocado? Pero la pregunta que quiero hacer es más concreta aún, ¿habrá cambios en las líneas editoriales de comunicación y marketing de las marcas en relación al cambio climático?
Las marcas se posicionan de acuerdo a lo que sensibiliza a los consumidores en su favor, y si en EEUU surge una corriente anticlimatista, es posible que los ciudadanos se adhieran a ella, perdiendo fuerza las acciones de las marcas al paraguas del cambio climático.
Creo que el marketing y la política a veces se parecen demasiado, así que tengo la sensación de que el término cambio climático será usado cada vez menos en el marketing verde y que se sustituirá por otros conceptos relacionados con el medio ambiente, probablemente más tangibles.
En España, el cambio climático como concepto se usa menos que el de las emisiones de carbono que lo propician por lo que no espero que se produzcan cambios en el mensaje. Pero el mundo está globalizado, y empresas que vienen de EEUU pueden modelar sus mensajes en todo el mundo. Para mí el candidato a mensaje verde por excelencia en el marketing es la relacionada con la salud y el bienestar como elementos favorecidos por respetar más al medio ambiente.

Traslado en este artículo un estudio realizado en el mercado de Estados Unidos sobre la presencia en el mercado de productos respetuosos con el medio ambiente, conocidos de forma genérica allí como “sin-free” o “libres de pecado” si lo traducimos literalmente.
No pretendo extrapolar este estudio al mercado europeo o español, pero puede ser una interesante referencia de cara a la evolución (¿futura?) de nuestro mercado.
Hay que aclarar que el estudio se refiere siempre a la evolución de productos que utilizan el reclamo verde, independientemente de lo fiable que eso sea, y que el informe lo han realizado con un muestreo limitado aunque idéntico entre años para poder sacar conclusiones.
En 2010 con respecto al año anterior los productos verdes aumentaron un 73% aunque el informe admite que el 95% de estos productos verdes son en parte un lavado de cara. La parte positiva es que las categorías de productos con más tradición verde no aumentan tanto el lavado de cara sino que aumentan en aspectos reales de respeto al medio ambiente con certificación.
Otra conclusión muy interesante es que son los grandes almacenes los que apuestan más por los productos verdes certificados para atraer a los consumidores. Este dato sí que es fácilmente comprobable en España, siendo las grandes cadenas de distribución las que aumentan cada vez más los lineales de productos biológicos, tanto en alimentación como en droguería.
La parte menos positiva de este informe es que el etiquetado para el lavado de cara ha aumentado mucho. Sobre los 7 pecados del “lavado verde” que también están señalados en el documento escribiré un próximo artículo intentando reflejarlos en nuestro mercado interior.
Enlace al estudio original en inglés.
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Alguna compañía eléctrica dice que la generación eléctrica distribuida no significa generación localizada y a menor escala que la generación eléctrica convencional. Supongo que es porque no les interesa quedar fuera del mercado de la generación eléctrica, sea a la escala que sea, y la generación distribuida puede amenazar la dependencia que tenemos de estas grandes compañías.
Al igual que la generación distribuída puede desvincularse en cierta manera de las grandes redes de distribución eléctrica, ¿qué pasaría si pudiéramos almacenar de forma local, particular, parte de la energía que consumimos? Me refiero a generarla de forma “autónoma” mediante técnicas renovables y almacenarla para cuando la necesitemos.
El primer paso sería la producción de esta energía, pero no se plantea porque sin un sistema de almacenamiento de poco sirve. Este sistema de almacenamiento puede estar tan cerca como los coches eléctricos. Aunque tienen detractores por la eficiencia total acumulada en el uso de la energía menor que la eficiencia de derivados del petróleo, esto es simplificar las cosas.
La realidad es que de momento son caros y escasos, con un rendimiento y una eficiencia limitados, pero el tiempo permitirá su mejoría. Y con el tiempo lo que obtendremos seremos montones y montones de baterías que con una capacidad de carga del 80% ya no serán útiles para los coches. Podremos reciclarlas, pero también reutilizarlas en otros ámbitos donde la capacidad de recarga no sea tan importante mantenerla al máximo: el almacenamiento de energía a pequeña escala.
Creo que será un reto en el objetivo de la reducción del consumo de energía centralizado y en el aumento de las energías renovables. De momento ni siquiera disponemos de regulación para la generación de energía mini-eólica, pero los intereses político-económicos no pueden frenar la necesidad ni la oportunidad.

Un grupo de empresas del País Vasco están promoviendo el desarrollo de Hiriko, un coche eléctrico urbano de reducidas dimensiones capaz de encogerse al aparcar ocupando un mínimo espacio. En el proyecto colabora también el MIT.
El coche ha sido presentado en Campus Party Europa, una edición especial de Campus Party a la que sólo han asistido personas por invitación en función de sus proyectos presentados en ciencia, creatividad digital e innovación, y que está abierta hasta mañana.
En esta edición además han contado con un espacio verde en el que se ha enmarcado el proyecto de este vehículo eléctrico “citycar”.
La intención del consorcio con Hiriko es desarrollar un vehículo altamente eficiente para la ciudad, eléctrico 100% y de bajo coste. Está ideado con una estructura de montaje sencilla y modular para que pueda ser ensablado en cualquier parte, reduciendo los costes de producción.
Esperan que las primeras unidades estén listas para ser probadas a mediados de 2011.