Vuelve la polémica sobre los biocombustibles y el etanol de maiz. En esta caso por un estudio de la EPA (Agencia de Portección Medioambiental de EEUU), en el que se cuantifica monetariamente hablando el coste en salud del uso de combustibles.
La comparación entre las gasolinas y el diésel y el etanol de maiz no dejan muy bien parado al etanol según la forma de fabricación. La culpa la tienen las partículas en suspensión que son culpables de numerosos problemas de salud.
En el estudio se han tenido en cuenta no sólo los contaminantes que se producen por la quema del combustible sino también en todo el proceso productivo y de cultivo de la materia prima.
Precisamente hace poco leí que la EPA había ahorrado un montón de dinero al país al imponer limitaciones y controles en las emisiones de partículas contaminantes.
La parte buena del estudio es que el etanol celulósico y de otras materias primas supone un ahorro en gasto sanitario porque es menos de la mitad de contaminante que la gasolina convencional.
Esperemos que los medios que se hagan eco de esta noticia informen de las dos partes, no sólo de la mala, y que los ecologistas tomen una actitud positiva para potenciar la mejor vía de los biocombustibles en vez de criminalizarlos todos por igual.
Así que la conclusión es bastante clara, y la de siempre por mi parte:
Por cierto que se continúan abriendo vías de investigación para la producción de etanol más eficiente a partir de material celulósico, y es cuestión de tiempo que la tecnología se implante.
Referencias: TheGuardian, EPA, PNAS.