
Si viajamos por carretera hacia Zaragoza desde el centro de la Península Ibérica, veremos de lejos los molinos de viento, y después no tan lejos, y más tarde debermos tener cuidado par ano desviar nuestra atención de la carretera al pasar junto a ellos. Cualquier zona de molinos me valdría para el ejemplo, pero creo que la última vez que fui en coche a Zaragoza fue cuando más cerca pasé de los gigantes con aspas.
Podría decir que casi forman parte del paisaje bucólico, quién lo diría. Sin embargo, si bien para los que vemos los parques eólicos de vez en cuando nos puede parecer hasta bonitos (no digo que lo sean), el que convive con ellos le pueden parecer una molestia a la vista. O viceversa. ¿Es el impacto en el paisaje un impacto ambiental a tener en cuenta? ¿Debemos supeditar el impacto ambiental a disponer de energía renovable? No contesteis demasiado rápido, porque os podeis traicionar.
Mientras pensais en ello, sabed que la energía eólica, como el resto de renovables será un puro mercado entre países. Yo planto unos cuantos molinos de más aquí y tú me compras la energía verde sin molestar a la vista de tus conciudadanos.
En Asturias, donde había una moratoria eólica desde el 2001, la van a levantar, pero el gobierno local se ha propuesto facilitar las cosas para el aprovechamiento de la energía de las olas, claramente con un impacto visual mucho menor. Buena iniciativa, si hacen un mapa de olas estarán dando un trabajo hecho a las empresas que luego irán y pondrán a flotar sus estructuras generadoras de energía. Este tipo de ayudas gubernamentales son las que me gustan.
Y ahora vuelvo de lleno al tema del impacto ambiental en lo que corresponde con impacto visual, ¿hay que considerarlo igual de importante que el deterioro de un suelo, o de las poblaciones vegetales o animales? Mi respuesta es que sí, y en Escandinavia parece que están de acuerdo con esa postura: si afecta al paisaje, no lo quieren.