
El primer invento para ahorro de energía me lo he encontrado por parte de los militares de EEUU. No lo han ideado por ahorrar energía sino para abastecerse en campamentos desplazados. Más allá del uso militar, es muy interesante cómo con una infraestructura de pequeño tamaño se puede transformar la basura en energía (en inglés). Se trata de una especie de mini-refinería, en la que se produce etanol, biodiésel y acaba generándose energía eléctrica. Lo mismo que a gran escala pero transportable, y para mí muy importante, instalable en comunidades, pequeñas poblaciones, etc., que cada uno imagine su aplicación ideal.
En un estado de proyecto más teórico, donde no hay todavía prototipos, es en los proyectos del concurso de diseños de la empresa Electrolux. Supongo que ahora profundizarán en las ideas que se han llevado las mejores menciones como una lavadora que en vez de jabón utiliza unos extractos naturales, la cocina solar para la terraza de casa, la nevera por celdas de temperatura regulable de forma independiente, compostador de basura, o mi favorito: una ducha a base de vapor de agua que utiliza 2 litros de agua por sesión en vez de 26 (corresponde con la imagen). No sé cuántos litros uso yo cuando me ducho, pero más de 2 litros de agua desde luego. Tengo dudas sobre la eficacia del aclarado con el vapor de agua, pero todo será cuestión de probar.
Otro aparato relacioando con el agua es Ozonix, un depurador de agua para separala de los hidrocarburos que pueda contener. Es un aparato comercial que se ofrece para plataformas petrolíferas y smiliar, que mediante ozonización y ultrasonido logra separar los hidrocarburos del agua.
Volviendo al ahorro energético ahora se empieza a hablar bastante del consumo de los ordenadores y se empieza a vender como un valor añadido el que el equipo consuma menos. Un artículo en The Guardian dice que una oficina (centro de datos) consume más energía que una ciudad entera. Parece que la comparación no es muy buena, pero el caso es que entre los servidores, el papel que se tira, el consumo en balde de las impresoras, luces muchas veces ineficientes y exageradas, etc, la realidad es que una oficina consume mucha energía, y sobre todo, podría consumir menos.