Por Ignacio de Miguel, el 23 de October de 2010 - 11:38 Hrs

Las famosas “tres erres” de reducir, reutilizar y reciclar están muy bien y ya nos las sabemos, pero no las aplicamos ni tenemos los mejores medios para aplicarlas. No percibimos un gran beneficio en reducir, reutilizamos cuando nos ahorra dinero, y reciclamos sólo si nos viene bien.

Ahora voy a plantear un escenario (algo ilusorio): ¿y si todo lo que compramos desglosara el precio entre el contenido y el continente? ¿reduciríamos la cantidad de envases para abaratar nuestra compra? Y yendo un poco más allá, ¿y sin los productos envasados indicaran no sólo el precio del envase sino el coste medioambiental del mismo? ¿reduciríamos el consumo de los envases más contaminantes?

Yo creo que sí, que sería algo parecido al consumo de alimentos ecológicos. No reducimos nuestro consumo energético, que no sólo es la electricidad que pagamos en casa o la gasolina que ponemos al coche sino todos los envases que utilizamos, porque no sabemos el coste, no sólo económico, sino ecológico que tienen.

La clave de la reducción de la dependencia energética de los países occidentales y de la sostenibilidad de los sistemas de producción de energía pasan por la reducción del consumo. Es cierto que no siempre se puede medir en términos energéticos la protección del medio, pero sí en muchos casos, y desde luego se pueden valorar distintos parámetros y apoyar la mejor manera posible de reducir el consumo y a la vez proteger el medio.

Por ejemplo, la historia de las bolsas de plástico en el supermercados no se está enfocando desde el punto de vista de la reducción del impacto medioambiental real (repito, real), sino del aumento de beneficios por parte de las grandes superficies (de esto ya he hablado en otras ocasiones y no me voy a enrollar ahora).

Marcas como Ikea cada vez hacen más hincapié en la tendencia a la sostenibilidad de sus productos, y no por el reciclado ni por la reutilización, sino por la reducción de sus costes medioambientales.

En manos de las empresas, empezando por las más grandes, está reducir su impacto medioambiental. Pero para que lo hagan, como empresas que son, necesitan encontrar un beneficio económico, aunque sea indirecto, y para eso es imprescindible que:

  • el compromiso de protección mediambiental sea real y no basado sólo en intereses económicos
  • una política integral en todos los ámbitos de las empresa alineados con la protección medioambiental (Responsabilidad Social Corporativa verde (RSC) si queremos llamarlo así)
  • una buena comunicación de estos valores de RSC y protección del medio ambiente tanto a nivel interno como externo

En todo esto, las redes sociales juegan un papel fundamental. Así como todas las grandes empresas tienen web (mejor o peor según hayan entendido la evolución de la sociedad), ninguna debería dejar de estar presente de forma activa en las redes sociales. Y en particular a nosotros nos interesa el Green Social Media.

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