El gobierno de Indonesia ha decidido levantar la moratoria a la extensión del cultivo de palma en terrenos de turba. Por supuesto las organizaciones ecologistas están en contra ya que la turba es un almacén de carbono enorme.
Con el movimiento y el desecado de los terrenos de turba no sólo se emitirían enormes cantidades de CO2 a la atmósfera, sino que se degrada el terreno y se pierde biodiversidad.
Indonesia ha aguantado 1 año sin aumentar su superficie de cultivo de palma en estas zonas para la obtención de aceite, que entre otras utilidades está la de fabricar biodiésel (no es la única).
El problema es que el país ingresó en 2008 7,65 billones de libras por la exportación de aceite de palma, y eso es mucho dinero.
¿Dónde ponemos el límite? Seguro que este asunto dará que hablar.
Referencias: TheGuardian.