Por Ignacio de Miguel, el 29 de November de 2011 - 18:50 Hrs

Me ha gustado la definición de “anarquía climática” que ha hecho una organización ecologista (o algo parecido). Tras el protocolo de Kyoto a punto de extinguirse, EEUU y China dicen que no se van a subyugar a reducir sus emisiones, y otros países ya han declarado que si los grandes contaminantes no se comprometen que se olviden también de ellos.

La crisis económica por un lado, y la evidencia de una necesidad acuciante de energía aquí y ahora, ha hecho que estos dos grandes países, por extensión, población y consumo energético hayan decidido ser cortoplacistas, y olvidarse de proteger el medio ambiente, al menos en cuanto a las emisiones de CO2.

O bien se han dado cuenta de que reducir las emisiones de CO2 no lleva a ningún lado si no va acompañado de otras actuaciones protectoras del medio ambiente.

Puede que tengan otras motivaciones como pensar que el esfuerzo de reducción de emisiones de CO2 para que realmente podamos frenar el cambio climático es excesivo (en términos políticos y económicos), y total para quedarse a medias mejor no hacer nada.

Podemos buscar otras posibles explicaciones para no repetir el protocolo de Kyoto, pero creo que al final se reduce a que no podemos notar los beneficios, y lo que no se ve no existe en este mundo de la inmediatez.

Sigo convencido de que el CO2 no es el problema de la destrucción de nuestro Planeta, a la vez que sigo convencido que nos estamos suicidando.

Yo propongo la creación de un consorcio de investigación internacional para las energías renovables y el ahorro energético, del estilo  del acuerdo del ITER. Avanzaríamos mucho más en el desarrollo de nuevas tecnologías generadoras de energía y más limpias. Pero lo de colaborar para salvar el Mundo (literalmente) sin esperar nada a cambio no parece ser una de las cualidades más desarrolladas del ser humano.

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Por Ignacio de Miguel, el 16 de February de 2011 - 08:38 Hrs

La arquitectura bioclimática y sostenible tiene muchas aproximaciones distintas. Hay quien diseña rascacielos de alta eficiencia energética, quien diseña jardines bioclimáticos, y otros que hace construcciones modulares o viviendas unifamiliares respetuosas con el medio ambiente.

Y cada uno lo hace de una forma diferente. Esta semana he conocido “noem“, marca que viene de “no emissions living” o viviendas de emisiones cero de CO2. Otra vez el CO2 es el protagonista. Estas viviendas noem son modulares, fabricadas a base de madera de los Pirineos, y cuyo proceso de fabricación es, en principio, neutro en emisiones de CO2.

Más allá de esta característica, son viviendas con una alta eficiencia energética por su sistema de aislamiento (madera y lana), y son capaces de abastecer el 100% de las necesidades de agua caliente de los inquilinos gracias a placas termosolares. También están preparadas para reutilizar las aguas grises y negras así como para depurar y utilizar las aguas pluviales.

Como siempre suelo decir, la única pega es que necesitamos una parcela donde ubicar la vivienda pero es interesante para todas aquellas residencias unifamiliares.

Por otro lado he conocido en el Salón MiEmpresa a FOB Arquitectura, que bajo el lema de “nuevas formas de habitar” nos propone el análisis de nuestras necesidades a medida para diseñar y construir una vivienda basada en criterios de bioconstrucción y eficiencia energética.

Este estudio de arquitectura realiza proyectos llave en mano sin condicionarlos a un tipo de construcción determinada, sino adaptándose según las necesidades y posibilidades del entorno, encargándose desde la localización de parcelas para nuestra vivienda, hasta de trabajos de rehabilitación de viviendas preexistentes.

Son dos conceptos distintos pero con una misma filosofía de crear habitabilidad sostenible.

Por Ignacio de Miguel, el 14 de February de 2011 - 08:42 Hrs

Una directiva europea del año 2000 y su correspondiente trasposición a nuestro derecho en el año 2002 obliga a los fabricantes de automóviles a detallar las emisiones de CO2 de los vehículos como elemento distintivo de su capacidad contaminante.

Tras una semana en la que se ha hablado mucho en los medios de comunicación sobre la boina de contaminación de las ciudades de Madrid y Barcelona, causada por el tráfico, han salido a la luz mediática los verdaderos motivos de la contaminación por el tráfico a motor en las grandes ciudades como éstas.

Lo ha dicho el alcalde de Madrid, y veo que Antón Uriarte lo ha dejado claro en su blog (es lo que pasa cuando uno postpone escribir este artículo, que al final otras personas, y con más conocimiento se te adelanta). La culpa de la contaminación urbana causada por los coches no está en el CO2 que emiten y que sirve de baremo para aplicar un impuesto de matriculación mayor o menor, sino en las emisiones de NO2.

Y más concretamente la culpa es de los vehículos diésel, ya que los de gasolina apenas emiten NO2. El 75% del parque automovilístico español es diésel, gracias a las grandes campañas de los fabricantes que ajustan continuamente los precios de estas motorizaciones tradicionalmente más caras. El precio del combustible es más barato, aunque cada vez menos e incluso llegó a estar más caro el diésel que la gasolina. Continuar leyendo »

Por Ignacio de Miguel, el 11 de November de 2010 - 18:23 Hrs

En alguna ocasión he comentado al hablar de los alimentos biológicos que igual que hay una tendencia bastante considerable en la industria alimentaria de dejar claro que sus productos son sin conservantes, sin colorantes y no tienen más grasas de las necesarias, el final del camino sería que todos los alimentos fueran “casi” biológicos, y que su etiquetado incluyera un índice de impacto medioambiental.

Esta semana he leído gracias a una referencia en Twitter una artículo en un periódico generalista que se emociona con la posibilidad de que los alimentos lleven un etiquetado de huella de carbono. Así que repito y no me cansaré de decir que existe protección medioambiental más allá de la supuesta huella de carbono, que no todo es CO2 y que mientras nos centramos exclusivamente en reducir las emisiones de este gas matamos a la Naturaleza con la otra mano.

Si nos ponemos un poco exagerados, podríamos encontrarnos un producto que es “carbono neutro” (la terminología del concepto ya da mucho que hablar) pero que contamina los suelos y mata la biodiversidad frente a otros que pasa del CO2  como podría ser cualquier producto biológico. ¿Es mejor el que compensa sus emisiones de CO2? Por supuesto que no lo es.

Hay una marca de queso que se promociona indicando que compensa mediante la generación de energía eólica toda la energía que consume contabiliza en términos de CO2. Me pregunto si han tenido en cuenta los gases que expelen las vacas para producir la leche con la que fabrican los quesos o sólo han tenido en cuenta la cantidad de energía que usan en la industria fabricante.

Lo que quiero decir es que la medición energética en términos de CO2 es muy relativa y subjetiva, y que puestos a incluir un etiquetado adicional para calificar el grado de respeto hacia el medio ambiente deberían utilizarse varios parámetros y no sólamente uno.

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Por Ignacio de Miguel, el 9 de October de 2008 - 19:42 Hrs

bloom energy

Hace un año que en la feria de la energía Genera la empresa Pigmaly presentó una microturbina de generación eléctrica urbana a base de gas natural. La idea es que las comunidades de vecinos y urbanizaciones pudieran generar parte de la energía eléctrica que necesitan gracias al gas natural en un proceso eficiente que por un lado permita la reducción de emisiones de CO2, y por otro contribuya a minimizar las necesidades de ampliación de la producción energética en grandes centrales.

Es lo que de forma un poco más general llamamos microgeneración.

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