
Ayer se celebró el Día Internacional de la Diversidad Biológica. Ayer los medios publicaban noticias sobre la biodiversidad, pero ya no toca hasta el año que viene.
La mayoría de las noticias que he leído sobre la biodiversidad en el día de ayer se referían a actos o actividades conmemorativas y centradas en la extinción de especies. De hecho la propia ONU emitió una mininoticia sobre el tema y hablaba sobre la extinción de especies.
Pero la biodiversidad es algo más que la conservación de especies. La pérdida de biodiversidad se produce desde ámbitos locales, en ecosistemas concretos más allá de la extinción del urogallo cantábrico (por poner un ejemplo bastante reciente). Por supuesto que la parte más visible y que no deja de ser de gran importancia en la extinción de especies, pero éstas se exinguen en parte porque previamente ha habido una pérdida o modificación del equilibrio de biodiversidad general.
Pondré dos ejemplos. Uno me viene por un libro que me regalaron ayer y que es un cuento de un pastor de la región de la Provenza (el lugar es lo de menos). El caso es que la región era un erial yermo, seco y despoblado. El tal pastor se dedicaba a plantar primero bellotas de roble y después otras especies de árboles día tras días, hasta que al cabo de 30 años había un gran bosque.
Más allá de la narración, un bosque se construye no sólo de árboles, sino de otras muchas especies vegetales y animales. Los árboles plantados por este pastor dan pie a que se establezcan otras plantas, y sin duda desde una perspectiva biológica debería haber en un bosque así multitud de animales que antes no estaban presentes en el campo seco.