Hace poco hablé de las biorrefinerías a base de remolacha para la producción de bioetanol y otros productos como piensos para animales. Se trata de un proyecto que impulsa la empresa GCE Bioenergy que ahora ve cómo las nuevas decisiones políticas de la Unión Europea les pueden perjudicar ya que quieren eliminar la remolacha del proceso productivo de los biocombustibles.
Uno de sus directores generales nos ha escrito con su opinión al respecto. Por el interés del artículo lo reproducimos íntegramente:
D.Vicente Merino Febrero
Co-Director General de GCE Bioenergy
Título: Biorrefinería Multifuncional
La semana pasada la UE ha establecido una serie de nuevos criterios para comercializar biocombustibles, en resumen han llegado a unas conclusiones que a continuación cito:
Citan además que esta exigencia eliminaría, en la práctica, la utilización de remolacha y colza con los conocimientos actuales.
Se ha apuesta entonces por los biocombustibles de segunda generación y cultivos sembrados en tierras marginales.
Además también ha habido reunión del Comité de Industria del Parlamento Europeo con propuestas que reducen los % ya aprobados con anterioridad. Para 2015 un objetivo de carburantes renovables (5%) inferior al aprobado por la Directiva vigente para 2010 (5,75%). Todo esto me parece un real absurdo, falta de coordinación y planificación por parte de Europa.
En primer lugar porque se intenta desvincular a los cultivos de la segunda (pirólisis, gasificación) y tercera generación (utilizando microorganismos) de la primera cuando todas las generaciones pueden funcionar co-relacionadas perfectamente.
Además se generaliza de una manera que no tiene sentido, cuando se dice que la remolacha o la colza no se pueden utilizar a partir del 2017, verdaderamente pienso que hay a quien no le interesa que se lleven para adelante ciertos proyectos con base en estos cultivos y que ese alguien es quien todos sabemos o pensamos, empieza por petr.. y acaba por leras.
¿Cómo se puede generalizar y decir remolacha y colza no? Es como decir que todos los catalanes son ratas o todos los Andaluces exagerados (con perdón en la comparación) nunca se debe generalizar de esta manera y menos en temas tan serios.
A modo de ejemplo y para responder a las cuestiones anteriores, se puede plantear un proyecto de Biorrefinería Multifuncional con base en remolacha. En dicho proceso se puede utilizar todo el CO2 de salida de los fermentadores para derivarlo al cultivo de microalgas con lo cual ya estamos incorporando tercera generación. Además se producen gran cantidad de piensos que pueden utilizarse en parte para el canal ganadero y en parte para la segunda generación en procesos de pirólisis o gasificación, también dichos piensos pueden ser transformados en biometanol por microorganismos modificados genéticamente o por gasificación y síntesis.
No terminan aquí las posibilidades, las vinazas se pueden utilizar para producir biogás ya sean solas o en codigestión con otros residuos.
Hace unas semanas que di con la empresa GCE Bioenergy, y ahora me han enviado la referencia de un vídeo en el que se explica el funcionamiento de una biorefinería basada en un sistema patentado por esta empresa, en la que se producen piensos y bioetanol a partir de remolacha alcohólica (algo diferente de la remolacha azucarera), así como otros derivados de la propia materia prima o de los residuos de los procesos principales.
Esta remolacha alcohólica es más productiva que la tradicional remolacha azucarera que ha dejado de cultivarse en muchos lugares, al igual que se han cerrado fábricas de azúcar. Este sistema promete poder pagar un mínimo de 35 euros / tonelada de remolacha recolectada a los agricultores que parece ser que es un precio razonable.
La biorefinería de etanol estaría en producción durante 11 meses al año dejando 1 mes para tareas de mantenimiento.
Para montar una fábrica de etanol desde cero (sólamente la parte de producción de bioetanol, no la refinería completa) el coste estaría en torno a los 160 millones de euros. Las azucareras existentes se podrían reconvertir con un coste de 75 millones de euros.
Otro factor importante de estas biorefinerías es que el CO2 producido en el proceso de fermentación del azúcar se capturaría para cultivar algas para la producción de biocombustibles. Los residuos se podrían utilizar para la producción de biogás y abonos.