Por Ignacio de Miguel, el 1 de July de 2008 - 08:36 Hrs

Pensaba que las batallas sobre si los biocombustibles son buenos o malos se estaba clarificando. Creía que la propia FAO además de advertir sobre el peligro que podrían suponer había dicho que no se puede culpar a los biocombustibles de la subida de los alimentos en el mundo. Creía que Brasil exportaba etanol sin problemas. Los productores de biodiésel en España decían que era más barato importarlo de América.

Y después de todo esto, Oxfam se está convirtiendo en un acérrimo combatiente contra los biocombustibles diciendo que no se le deja a Brasil vender su producción sostenible de etanol, que Europa importa de Asia biodiésel (o aceite de palma para fabricar biodiésel) como si sólo lo importara de Asia, que los biocombustibles son los culpables de 30 millones de pobres hambrientos, que los biocombustibles suponen aumentar un 70% las emisiones de CO2 en vez de reducirlas, por la deforestación, que a pesar de que Europa certifica la sostenibilidad de los cultivos asiáticos eso lo único que hace es desplazar los no sostenibles sin remediar el problema…

Esto es una guerra dialéctica. Creo que Oxfam se ha posicionado en la línea dura para poner de su parte a los ciudadanos del mundo y obligar a que los gobiernos que tanto quieren los biocombustibles hagan algo por erradicar la pobreza y el hambre del mundo.

Hay varios motivos que me llevan a pensar que es una postura conscientemente exagerada:

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